lunes, 25 de febrero de 2013

El cuento

CUENTO “¿A QUÉ SABE LA LUNA?”

Hacía mucho tiempo que los animales
deseaban averiguar a qué sabía la luna.
¿Sería dulce o salada?
Tan solo querían probar un pedacito.
Por las noches, miraban ansiosos hacia el cielo.
Se estiraban e intentaban cogerla,
alargando el cuello, las piernas y los brazos.
Pero todo fue en vano,
y ni el animal más grande
pudo alcanzarla.
Un buen día, la pequeña tortuga
decidió subir a la montaña más alta
para poder tocar la luna.
Desde allí arriba, la luna estaba más cerca;
pero la tortuga no podía tocarla.
Entonces, llamó al elefante.
- Si te subes a mi espalda,
tal vez lleguemos a la luna.
Esta pensó que se trataba de un juego
y, a medida que el elefante se acercaba,
ella se alejaba un poco.
Como el elefante no pudo tocar la luna,
llamó a la jirafa.
- Si te subes a mi espalda,

a lo mejor la alcanzamos.
Pero al ver a la jirafa, la luna se distanció un poco más.
La jirafa estiró y estiró el cuello cuanto pudo,
pero no sirvió de nada.
Y llamó a la cebra.
- Si te subes a mi espalda,
es probable que nos acerquemos más a ella.
La luna empezaba a divertirse con aquel juego,
y se alejó otro poquito.
La cebra se esforzó mucho, mucho,
pero tampoco pudo tocar la luna.
Y llamó al león.
- Si te subes a mi espalda,
quizá podamos alcanzarla.
Pero
cuando la luna vio al león,
volvió a subir algo más.
Tampoco esta vez lograron tocar la luna,
y llamaron al zorro.
- Verás cómo lo conseguimos

si te subes a mi espalda-dijo el león.
Al avistar al zorro, la luna se alejó de nuevo.
Ahora solo faltaba un poquito de nada para tocar la luna,
pero esta se desvanecía más y más.
Y el zorro llamó al mono.
- Seguro que esta vez lo logramos.

¡Anda, súbete a mi espalda!
La luna vio al mono y retrocedió.
El mono ya podía oler la luna,
pero de tocarla, ¡ni hablar!
Y llamó al ratón.
- Súbete a mi espalda

y tocaremos la luna.
Esta vio al ratón y pensó:
- Seguro que un animal tan pequeño

no podrá cogerme.
Y como empezaba a aburrirse con aquel juego,
la luna se quedó justo donde estaba.
Entonces, el ratón subió por encima
de la tortuga,
del elefante,
de la jirafa,
de la cebra,
del león,
del zorro,
del mono
y...
...de un mordisco,
arrancó un trozo pequeño de la luna.
Lo saboreó complacido
y después fue dando un pedacito
al mono, al zorro, al león, a la cebra,
a la jirafa, al elefante y a la tortuga.
Y la luna les supo exactamente a aquello
que más le gustaba a cada uno.
Aquella noche, los animales durmieron muy muy juntos.
El pez, que lo había visto todo y
no entendía nada, dijo:
- ¡Vaya, vaya! Tanto esfuerzo para llegar

a esa luna que está en el cielo.
¿Acaso no verán qu
e aquí, en el agua,
hay otra más cerca?





El cuento posee infinidad de valores educativos.

- El cuento posee un poder inmensamente maravilloso, ya que a través de él todo lo que el niño o la niña conoce cobra movimiento y actúa con formas irreales, mágicas e incluso absurdas que llenan su universo mental de matices evocadores.
- Los cuentos, llenos de situaciones y personajes reales o fantásticos, permiten al niño o la niña evocar mental y verbalmente. El poder de la palabra y el gesto del narrador les confieren una magia y un sabor indescriptibles.
- En el cuento, el niño proyecta sus necesidades y temores. Nos pedirán que les contemos una y otra vez aquel cuento que les da seguridad y confianza. La narración no interesa tanto por su valor literario como por el mágico encuentro del pequeño con el otro, madre, padre o maestro/maestra, con el que se fusiona.
- El relato ayuda al niño o niña a evadirse de la opresión del entorno, de los atroces peligros del crecimiento y la respetabilidad. Los cuentos no dicen que la vida sea ideal, tranquila, armónica, siempre gratificante: dicen que para quien lucha bien, la vida es posible sin dejar de ser humana.

- Cercano a sus padres, el niño descubre la maravilla de la palabra escrita y siente el deseo de conocer los códigos de la lectura, esos pequeños dibujos que llamamos letras y palabras. Cuando el adulto le lee o cuenta el niño hace predicciones sobre lo que sigue y poco a poco organiza el cuento en su memoria. Si el padre responde a sus preguntas, el niño se volverá activo y se interesará por los libros. Más tarde, apoyándose en las ilustraciones, reproducirá la experiencia de la lectura.
- El acercamiento a los cuentos populares incorpora al niño o la niña a una cultura trasmitida oralmente que él puede comprender y hacer suya.
Además, el cuento posee un potencial didáctico enorme y clave en el desarrollo global e integral del niño o la niña.

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